LO QUE ME CABE EN LA MALETA

DALT VILA, IBIZA

La zona más conocida y más bonita de la ciudad de Ibiza es Dalt Vila. Ubicada en un promontorio elevado y protegida por una muralla renacentista que desde 1999 es Patrimonio Mundial de la Unesco.

Es sin duda la estampa de la ciudad, primera imagen que se ve al llegar a la isla por mar y sobresale del resto del conjunto del skyline.

Desde ella se tienen unas vistas privilegiadas del puerto por un lado y de toda la ciudad por otro.

También se distingue perfectamente el relieve de la isla de Formentera.

La muralla

Su construcción fue ordenada por Felipe II en el año 1555 y llevada a cabo por el ingeniero Giovanni Batista Calvi, concluyendo a finales de ese siglo.

Las piedras con las que se construyó fueron sacadas de los diferentes islotes que hay camino de Formentera.

Ocupa 10 hectáreas y su perímetro es de 1.800 metros.

Cuenta con cinco entradas al recinto, siendo la principal la del Portal de ses Taules.

Portal de Ses Taules

Puente levadizo al que se llega por una rampa empedrada que parte junto al Mercat Vell. La entrada está flanqueada por dos estatuas romananas, la diosa Juno y el guerrero Cayo Julio Tirón. Réplicas de las originales que se encuentran en el museo arqueológico.

En el escudo superior reza una leyenda latina cuya traducción es «Siendo rey Felipe, católico e invictísimo de las Españas y las indias orientales y occidentales, fueron construidas las murallas en beneficio de esta isla. SCMR gobernador y capitán general, noble D. Fernando Sanoguera. Año 1585.»

Portal de ses taules

Dalt Vila, el recinto

Tras pasar el Portal de ses Taules nos encontramos con el Patio de Armas, también conocido como «El Rastrillo». De finales del Siglo XVI, era donde se disponía el cuerpo de guardia. En él encontramos un soportal de 10 arcos de medio punto, en el que hay una gran chimenea donde se apostaba el cuerpo de guardia.

Uno de los detalles que podemos encontrar, es un balcón renacentista que preside este lugar, que albergó el primer mercadillo hippy en los años que Ibiza fue un referente mundial de este movimiento.

Patio de armas

Los Baluartes

Una de las características distintivas de este recinto amurallado son su baluartes.

Baluarte de Santa Llúcia

El baluarte de Santa Llúcia, del siglo XVIII y que acogió el antiguo polvorín, es un balcón al barrio de Sa Penya y al puerto de Ibiza.

Un rayo hizo detonar 370 quintales de pólvora causando 15 muertos y múltiples daños en viviendas, iglesias y conventos. Esto ocurrió en el año 1730 que desde entonces se conoció como «el año del trueno».

Baluarte de Sant Joan

Este baluarte, donde hoy en día encontramos el Museu d’Art Contemporani de Ibiza, albergó la antigua sala de armas de la fuerza Real de Ibiza y dos garitas de vigilancia.

La estructura fue modificada en los años 60 del Siglo XX para crear la única entrada a vehículos del recinto.

Baluarte de Sant Pere

También llamado Portal Nou, tiene otra de las entradas peatonales del recinto, datada en el Siglo XVI.

En él encontramos un escenario para eventos culturales y el centro de interpretación sobre la construcción de las murallas.

Sobre él se sitúa el Cavaller de Sant Lluc, una plataforma sobreelevada en la que se ubicaba el fuego de artillería, y al que se llega por la Ronda Calvi.

Baluarte de Sant Jaume

En este baluarte encontramos el centro de interpretación sobre las armas utilizadas en la época de construcción de las murallas.

A este baluarte se llega desde el de Sant Pere, por la Ronda Calvi, y se puede ver un tramo de la antigua muralla musulmana.

Baluarte de Sant Jordi y Sant Bernat

Ambos están unidos por la Ronda de la Almudaina y tras ellos se sitúa el castillo, hoy en día en obras para albergar el futuro Parador de Turismo de la isla.

Baluarte de Santa Tecla

Es el único al que no se puede acceder directamente, pues solo se llega desde el interior del Museo Arqueológico, en la Plaza de la Catedral.

A sus pies se sitúa el Revellín, un semibaluarte que alberga la quinta entrada, un túnel construido en los años 30 y que une Es Soto Fosc con la Plaza de Espanya, ubicación del Ayuntamiento de Ibiza.

Un paseo por Dalt Vila

Cualquier época del año es buena para dar un paseo por Dalt Vila, si bien es verdad que mejor evitar cuando haga mucho calor, pues el paseo es en constante subida y hay pocos lugares de sombra. Quizá, en verano por la noche es cuando más bonita está la zona y fuera de temporada podrás captar hasta los mínimos detalles.

Parte baja

Empezamos el paseo por la entrada principal, el Portal de Ses Taules, la más bonita. Se parte junto al Mercat Vell, zona que en verano está muy concurrida a todas horas.

Tras subir la rampa empedrada llegas a la puerta flanqueada por dos estatuas, que al cruzarla pasas al patio de armas. Hasta aquí solo te encontrarás a gente que sube o baja de visitar el recinto. Una vez que abandonas el patio de armas te darás cuenta de lo concurrido que está.

Te encuentras con la plaza de la Vila, que en verano está llena de terrazas de bares y restaurantes en plena ebullición en las noches veraniegas. Recomendamos subir una noche para ver el ambiente.

Plaza de la Vila

Giramos para coger el carrer de Sa Carrossa, donde empieza la pendiente. A la derecha nos quedan varios restaurantes y alguna tienda, y unos metros más arriba, en una pequeñita plaza y bajo la sombra de un árbol encontramos la estatua de Isidor Macabich, escritor y religioso, referente de las letras ibicencas.

Estatua de Isidor Macabich

Subimos unas escaleras para acceder al Baluarte de Santa Llúcia, un espectacular balcón sobre el puerto de Ibiza y por el otro lado, de día, se puede ver el relieve de la isla de Formentera.

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Desde ahí podemos seguir por esta zona alta o bien bajar de nuevo por el Carrer del General Balanzat. Pasaremos por las iglesias de Sant Pere de Vila y Santo Domingo y nos encaminamos hacia la Plaza de España, donde está el Ayuntamiento.

Por la parte de atrás del edificio encontramos un monumento a Guillem de Montgrí, obispo de Tortosa y líder de las fuerzas catalanas que conquistaron la isla en 1235.

Frente al Ayuntamiento encontramos una entrada a un túnel que nos lleva al Soto Fosc, cerca de la catedral, pero nosotros preferimos hacer el camino algo más largo para no perdernos ni uno de los detalles.

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Parte media

Cogeremos el Carrer de Pere Tur, pasando inicialmente por el café de Can Botino, en el que hay un mirador espectacular, y luego por el colegio oficial de arquitectos.

Enlaza con el Carrer de Joan Román, que lleva hasta el Convento de Sant Cristòfol y Monasterio de Canónigas de Sant Agustí, donde la calle gira y empieza una pendiente mucho más fuerte y por suelo totalmente empedrado.

Por el camino nos hemos encontrado algunas placas en la puerta de las casas que nos recuerdan que allí nacieron algunos de los personajes ilustres de la cultura o política ibicenca.

Aquí, en el carrer Major, nos encontraremos la capilla de Sant Ciriac, un pequeño hueco en la pared, con el santo presidiéndolo y, bajo él, un agujero por el que se supone que el 8 de Agosto de 1235 entró el primer soldado de las tropas catalanas para empezar la conquista.

Capilla de Sant Ciriac

Más adelante nos encontramos con la Casa Colón y con el Museu Puget. Justo aquí es dónde más pendiente hay y si se lleva un calzado inadecuado se pueden sufrir resbalones.

Parte Alta

El carrer Major nos conducirá hasta la plaza de la Catedral, pasando por uno de los lugares más curiosos no solo de Dalt Vila sino de la isla. nos referimos a la tienda de Traspas y Torijano, situada junto a una villa en la que una placa recuerda que Rafael Alberti pasó allí unos días.

Definir a Traspas y Torijano es imposible, por lo que os invitamos a que vosotros mismos vayáis a conocerlos.

Poco antes de llegar a la plaza de la catedral pasaremos por la casa de la Curia y el centro de interpretación Madina Yabisa.

La plaza de la Catedral, presidida por la catedral de Santa Maria de les Neus, patrona de la isla, luce preciosa, sobre todo de noche, con los edificios iluminados.

En la propia plaza encontramos la Oficina de Información y Turismo y el Museu d’Arquologia, además de un balcón con unas vistas espectaculares.

Aquí finaliza el paseo, pudiendo elegir el camino de regreso por el mismo lugar o bien por la zona de la ronda Calvi.

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Leyenda del carrer de la Soledat

El carrer de la Soledat, anteriormente conocido como carrer del Cementiri, pues conducía al cementerio que había en la plaza de la Catedral, es un callejón precioso que, como muchas de las calles de Dalt Vila, encierra mucha historia y alguna leyenda, como esta que os contamos a continuación:

«Una mujer, desesperada por el abandono de su amante, acudió a pedir ayuda a la hechicera. La bruja, mirándola fijamente, le advirtió que si realmente deseaba recuperar a su amado, habría de ser valerosa. Comparecer en el callejón poco antes de la medianoche.

Las casas oscuras, el cielo negro y mil susurros sin nombre. Tras el encuentro, la bruja colocó a la mujer en el medio del carreró. “Espera…” Dieron las doce en la catedral, y de súbito una voz desconocida, gutural y horrísonamente grave, salió de la oscuridad con un grito inarticulado. Demoníaco.

La mujer, aterrada, corrió a refugiarse en los brazos de la bruja. Ésta, dándole golpecitos en la espalda, sonrió. “Te ha dicho que tendrás lo que deseas”.

Y al día siguiente regresó el pródigo.”

Carrer de la Soledat

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